El pasado lunes 27 de abril se suscitaron hechos violentos en el acceso al poblado de Oaxtepec en contra de un líder transportista. Días antes, desde un automóvil se realizaron disparos contra un cargadero de agua en el ejido Ahuilicán, además de registrarse actos de extorsión contra piperos, a quienes se les exigía el cobro de piso para poder trabajar. Lejos de tratarse de un hecho aislado, estos acontecimientos fueron la gota que derramó el vaso. El ataque a los piperos forma parte de una larga cadena de actividades criminales que afectan a comerciantes, transportistas y a la población en general.
Por décadas, Oaxtepec fue el faro del turismo en el estado de Morelos. Hoy, aquellas glorias han sido ensombrecidas por la ola de violencia que atraviesa no solo al estado, sino al país entero. A pesar de los esfuerzos en materia de seguridad de los tres niveles de gobierno, la violencia se ha vuelto parte de la vida cotidiana y se manifiesta a cualquier hora del día.
Como habitante de la comunidad y consciente de la gravedad de la situación, asistí a la manifestación realizada el 30 de abril en el centro de Oaxtepec, con la expectativa de que acudieran autoridades estatales, quienes ya habían estado presentes tras el primer bloqueo el día 27. Sin embargo, desde el inicio se evidenciaron fallas. A pesar de haberse acordado una hora para la reunión, el representante del gobierno estatal llegó con retraso.
Por razones de seguridad, se solicitó a los asistentes no tomar fotografías ni videos. No obstante, esta indicación no fue respetada por acompañantes del Subsecretario de Gobierno ni por elementos de seguridad pública. En cuestión de minutos, imágenes de la manifestación ya circulaban en redes sociales. Este hecho no es menor. En contextos como este, es sabido que existen personas vinculadas a grupos delictivos que acuden para identificar a quienes participan y toman la palabra. Ignorar ese riesgo es, cuando menos, irresponsable.
Otro hecho que resulta bastante lamentable es que, a pesar de la seriedad de la problemática que aqueja a Oaxtepec, el presidente municipal de Yautepec prefiriera hacer invitaciones para pintar una cancha antes que atender la demanda de seguridad de una de las comunidades más grandes del municipio. Estuve presente desde las 11 hasta las 19 horas y, durante todo ese lapso, el ayuntamiento ni por asomo hizo acto de presencia. A pregunta expresa sobre su inasistencia, la respuesta fue que no se les había invitado. Como si la seguridad de los habitantes o una movilización social de esta magnitud dependieran de una invitación formal para que la autoridad asuma su responsabilidad.
En la misma línea, la diputada local por el XII Distrito Electoral correspondiente a Yautepec, tampoco hizo acto de presencia, ni una mención al respecto en redes sociales, absolutamente nada. Todo indica que sus prioridades están puestas en la campaña electoral de 2027 por la residencia municipal de Yautepec, como lo evidencian las múltiples pintas en bardas del municipio, incluidas las de Oaxtepec. Y no es que su presencia hubiera cambiado la situación, sino que acudir a Oaxtepec habría permitido mostrar cuáles son sus prioridades como representante popular. Distinto fue el caso del diputado federal por el V Distrito, quien sí acudió, aunque es importante subrayar que lo hizo como acompañante de la comunidad y no como promotor de la movilización, como algunos señalaron.
La actitud del Subsecretario de Gobierno tampoco contribuyó a distender el ambiente. Por el contrario, el desconocimiento de la problemática en su dimensión real y su falta de sensibilidad frente al reclamo social terminaron por exacerbar los ánimos, lo que derivó en un nuevo bloqueo que afectó durante varias horas a la región oriente del estado de Morelos en vísperas de un puente.
La situación escaló al punto de requerir la presencia del Secretario de Gobierno y del titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Pero incluso entonces surgieron tensiones sobre el lugar para llevar a cabo la mesa de trabajo: mientras la comitiva gubernamental proponía un espacio privado, el Hotel Dorados, la comunidad insistía en que fuera en un espacio público. Luego de momentos de tensión, la intervención decidida de la gobernadora Margarita González Saravia, no solo resultó clave, sino que marcó el rumbo del encuentro al respaldar de manera clara la postura de los habitantes de Oaxtepec, privilegiando el diálogo abierto y reconociendo la legitimidad de la exigencia comunitaria. Gracias a ello, la mesa de trabajo se llevó a cabo en el lugar que la población había elegido desde un principio.
Al preguntar sobre la decisión el señalamiento era claro, la problemática sucede en Oaxtepec y no en el Hotel Dorados, trasladarnos a un lugar privado podría ser mal visto por la gente que acompañó la movilización social, por lo que todo lo que se discutiera debía ser en un sitio público y seguro para los asistentes, como lo es la iglesia de Santo Domingo de Guzmán de Oaxtepec.
El hartazgo es evidente. A pesar de las acciones que, desde la óptica de un ciudadano de a pie, en el mejor de los casos son magros, las autoridades estatales se comprometieron a implementar una estrategia de seguridad más efectiva para mitigar la problemática. El bloqueo fue levantado y, en cuestión de horas, la presencia de elementos de seguridad pública se hizo visible. Los principales afectados por los hechos de violencia recibieron garantías de protección.
Sin embargo, la duda persiste: ¿será esta presencia permanente o solo una respuesta temporal hasta que una nueva movilización social estalle en otro punto del estado? Confiamos en que la seguridad de la población de Oaxtepec y de toda la región continúe por mucho tiempo, hasta que la paz vuelva a ser la norma y hechos como los del 27 de abril pertenezcan a un oscuro pasado.
Al cierre de esta columna, el presidente municipal no ha acudido a Oaxtepec y la diputada local lo hizo en el marco del carnaval, es decir solo cuando se les trata bien, cuando no hay quien pueda reclamarle, porque cuando los problemas surgen, brillan por su ausencia. El silencio institucional es, en sí mismo, un mensaje. Y como suele ocurrir, será la memoria de la ciudadanía la que, llegado el momento, termine por poner cada cosa en su lugar.
* Historiador